Cuando hablamos del concepto ropa para cada ocasión no nos estamos refiriendo a la ropa de ocasión, es decir, aquella que adquirimos “tirada” de precio, con la que llenamos el armario y vaciamos poco el bolsillo. Saber usar cada prenda en su momento justo es darle el verdadero sentido a las prendas con las que nos vestimos.
Muchas veces nos preguntamos… ¿qué es la elegancia?, pues aquí tienes parte de la respuesta. Ser elegante es una actitud, una forma de comportarse y actuar. Referido al vestir es usar cada prenda en el momento justo, sabiendo darle a la ropa su sitio, ocasión y lugar.
Emplearemos algunos ejemplos. Si cuando te desplazas al trabajo, o -simplemente- cuando vas paseando por la calle, te fijas bien descubrirás alguna que otra crueldad referida al vestir. La prueba más famosa de tal desastre es la moda que se impuso años atrás a la hora de vestir un horroroso chándal con tacones, que para más “inri” iba acompañado de calcetines de deporte…
Sin llegar a esos extremos no es difícil, ya digo que fijándose solo un poco, encontrar algún que otro despropósito en lo que a utilizar la ropa para según qué ocasión. Está la típica compañera de trabajo que no tiene bastante fiesta el fin de semana y acude a la oficina maquillada como una puerta, con el top de lentejuelas, la minifalda y el tacón. O aquél amigo al que le gusta ir a su aire, informal, y que sigue yendo “a su aire” incluso en la boda de su hermano.
En el vestir, saber hacer uso de la austeridad cuando es necesario, y aplicar lo excesivo cuando hay que usarlo es la manera más elegante de ser elegante. A esto hay que sumarle cierto grado de educación y buen estar, pero esto ya es otro asunto…

